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José Manuel Blanco se trajo desde Luarca su Casa de Asturias para plantarla al ladito de la plaza de Lavapiés y ofrecer desde este local un compendio de gastronomía asturiana de campo, mar y montaña.
Uno de los clásicos del centro, fundado en 1920 y con una sucursal, La Farola, que ya funcionaba en 1864, esta parrilla-sidrería es lugar de encuentro y “folixia” gastronómica para grupos de universitarios y extranjeros. Siempre es fácil reconocer a algún famoso compartiendo tapas y raciones con amigos.
Doble local en las dos aceras de Fuencarral, que en su versión sidrería (en el 114) ha hecho de sus tortillas, empanadas y bollos preñaos y de la abundancia de las tapas con que acompañan sus cañas o sidra un atractivo destacado por el público joven que siempre circula por la zona de Bilbao.
Un local con historia que nació cuando el mundial del 82 y se convirtió en el embrión del grupo empresarial de restauración de Carlos Tejedor. La Máquina ha convertido su barra en un punto de encuentro del Madrid exquisito.
En pleno pueblo de Hortaleza, este mesón era hace un par de décadas un local castizo, especializado en el cocido madrileño. Pero Arturo descubrió la fabada, y este mesón/sidrería pasó a convertirse en una de las esquinas más visitadas de su zona. Es su mujer la que trabaja en los fogones y la que exige que les fabes sean de Navelgas y el compango de Tineo para que su fabada siga siendo su bandera de enganche.